Debates y combates: Gustavo Petro

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Lo cierto es que, el debate no es moral. De querer, se quiere. El asunto es el ¿cómo? En consecuencia, la respuesta a la pregunta es fundamental.

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Para decirlo breve y pronto, lo peor que le pudo pasar a Colombia fue haber empezado la carrera por la presidencia de forma tan prematura. El mismo presidente anda en campaña. Las marchas más que una expresión democrática de descontento o aprobación, son en realidad la manera de mantener activo a los respectivos votantes. De hecho, las actuaciones y discursos son calculados para mantener viva la intensión de voto.

Que Colombia necesita cambios es un lugar común. Que las soluciones deberían ser factibles, deseables y viables, es otra obviedad. Más concretamente, evitar pensar con el corazón. No obstante, del paquete de reformas que cobijan temas tan complicados como la salud, el empleo, la educación y las pensiones, se discute desde la ideología en clave hasta con la moral. Recientemente el presidente señaló que algunos no quieren que un viejo reciba pensión. Lo cierto es que, el debate no es moral. De querer, se quiere. El asunto es el ¿cómo? En consecuencia, la respuesta a la pregunta es fundamental. Aquí no se trata únicamente de la nobleza de los argumentos. Es también importante el impacto fiscal y desde luego, recordar que los recursos no son infinitos.

La respuesta a la pregunta por el ¿cómo? Resulta necesaria para establecer el alcance y límite de las reformas. Para citar un ejemplo, los tiempos que requieren la implementación de las ideas de cambio. La preocupación no es únicamente por los recursos los cuales se recaudan vía impuestos, lo es también el tiempo de transición para la implementación en un país donde hacer un puente se demora un par de años y queda mal hecho. Otro aspecto del cambio tiene que ver con su naturaleza, es decir, ¿debe ser total? O, ¿debería aprender de la experiencia recogida en tanto tiempo? Reitero que en países como el nuestro el hacer institucional es muy complicado. Lo anterior, podría explicarse a través de la hiperproducción normativa junto a la alta rotación de contratistas en las entidades del Estado que dificulta sacar proyectos adelante.

Ahora bien, el entramado burocrático que parte de un sinfín de certificados de antecedentes para un contrato de prestación de servicios profesionales llegando al intrincado hacer de sacar adelante un contrato estatal (de obra) vía ley 80 de 1993, son parte del drama del día a día de la administración pública. No todo es discurso y buenas intenciones. Reconocer nuestras limitaciones es fundamental en lugar de tan solo aspirar a la absolutización de la bondad como advirtió el saliente director de planeación nacional Jorge Iván González. Negar lo fáctico es también negar la complejidad de sacar adelante las ideas, lo anterior, apelando al discurso grandilocuente de frases sonoras y pegajosas que desconocen la tensión entre la teoría y la práctica.

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Ya en modo campaña el discurso se torna hostil a la manera del ustedes contra el nosotros. A pesar de esto, nótese que los votantes de Petro no eran únicamente de la izquierda democrática y concuerdan en la necesidad de un cambio, sin embargo, como he venido sosteniendo en otras columnas, dicho cambio debe ser parcial y fruto de consensos, de lo contrario, verá cómo el próximo congreso y presidente lo modificará radicalmente. Lo impuesto es de corto alcance. De tal manera, el que haya ganado Petro no convierte al Congreso en un notario y mucho menos, da vía libre a la imposición de ideas y proyectos con el argumento del programa ganador. En nuestro modelo democrático existen pesos y contrapesos aunque aquellos resulten odiosos.

La urgencia por mostrar resultados es evidente. La necesidad de mantener los votos cautivos es notoria. De ahí que, los discursos de plaza pública junto a la actividad en redes sea más que urgente, pero lastimosamente, no solo de discursos vive la administración pública. Por tanto, la ejecución del presupuesto por ministerios es más que preocupante. En dicha ejecución también está el viejo que no come, el niño sin escuela y demás argumentos morales que esgrime el ejecutivo para justificar sus reformas pero en lo concreto, deja mucho que desear. 

El gobierno está a tiempo de tomar correctivos. De establecer plazos razonables. De evitar aumentar la deuda pública por atractivo que esto sea. Aún queda tiempo, pero lastimosamente parece que se la jugaron por la polarización ahondando las diferencias en lugar de construir el frente amplio de acuerdos parciales posibles, medianamente estables y duraderos.

Adenda uno: Es desconcertante el actuar de Petro. Años en la vida civil. Se la jugó por la democracia y las urnas. Y a pesar de esto, muchos aun le enrostran su pasado y al llegar al poder, es el mismo Petro quien se empeña en recordar su vida en el M19.

Adenda dos: La respuesta a las marchas echa mano del viejo libreto de negar la legitimidad del otro, en este caso la oposición. No es marcha de la muerte señor presidente. Los marchantes del 21 de abril son también constituyente primario, son también colombianos. De hecho, usted es su presidente o al menos eso juró al tomar el cargo.

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*Juan Carlos Lozano Cuervo, abogado, con estudios de maestría en filosofía. Es profesor de ética y ciudadanía en el Instituto Departamental de Bellas Artes y profesor de cátedra de derecho constitucional en la Universidad Santiago de Cali. @juanlozanocuerv

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