La perpleja democracia universitaria

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“La democracia en las universidades tiene que ver con la forma de gobierno que permite la autodeterminación de las comunidades, responde simultáneamente a la pluralidad que exige su característica política y a la especificidad que le otorga la vida académica. La participación directa de la comunidad universitaria se apoya en el reconocimiento institucional de las asambleas y otros mecanismos democráticos adoptados por quienes la componen. La participación indirecta o representativa debe garantizar que sus miembros sean mayoría en los órganos de gobierno de las universidades”. Mesa Amplia de Profesoras y Profesores de Universidades Públicas MANPUP. Octubre de 2021.

Tomado de www.erasmusu.com

(Lea también: Democracia)

A raíz del reciente proceso de elección de Rector de la Universidad Nacional de Colombia (cada 3 años), se ha suscitado una gran inquietud entre estudiantes y profesores por los procedimientos y resultado de tal proceso. Quizás más que inquietud, es perplejidad y rechazo, entre importantes sectores del profesorado, estudiantado y egresados. Tal situación se origina por el desconocimiento que se produjo dentro del órgano elector (Consejo Superior Universitario), de los resultados de la consulta previa a la elección, en donde un candidato, el profesor Leopoldo Múnera, había superado en votación entre profesores, estudiantes y egresados ampliamente a cada uno de sus contrincantes o émulos por la Rectoría (35%). Se eligió al profesor Ismael Peña (ex -vicerrector de la Sede Bogotá) quien solo había obtenido el respaldo del 8% del electorado de la consulta previa. La indignación de amplios sectores de profesores y de estudiantes, prácticamente turbó toda la normalidad dentro del Claustro. El tema desde luego, es el velo oscuro que se tiende sobre la democracia universitaria.

Quizás este tema para muchos no sea de su incumbencia, o algunos dirían: “que se maten allá entre ellos, mientras no nos afecten”. El asunto de la Democracia Universitaria está ligado al principio constitucional de la Autonomía Universitaria (artículo 69 de la C. P).

El sentido de otorgar autonomía a la institución universitaria tiene que ver con su propia naturaleza o esencia de ser, es decir a garantizar la libre producción de conocimiento y pensamiento. La Constitución les otorga a las universidades colombianas (públicas o privadas) la facultad de autogobernarse, elegir sus propias directivas y regirse por sus propios estatutos, de acuerdo con la Constitución y las Leyes. Principios como la libertad de cátedra, la libertad de expresión del pensamiento libre y crítico hacen parte de ese entorno que debe guiar esos espacios, podríamos decir es su oxígeno.

Creo que en la Universidad Nacional no se ha logrado cuajar bien ese autogobierno, los representantes en el Consejo Superior Universitario son un 50% ajenos a la institución. Y la Consulta a sus propios componentes básicos (profesores y estudiantes) es apenas un balbuceo que ilusiona a muchos de sus componentes estamentales y termina (casi siempre) en el desprecio olímpico por parte de los “grandes electores”.  Esto fue lo que ocurrió recientemente.  Esto pone en aprietos la Gobernanza de la Institución y la legitimidad y consecuentemente la desconfianza entre sus estamentos fundamentales. Empezando porque el Rector es solamente un “primus inter pares”, es decir un profesor entre los profesores y no una figura de poder para repartir entre sus allegados.

Conozco al profesor Múnera y sé de su bonhomía, rectitud y espíritu académico y democrático. No era el candidato del Gobierno como se quiso vindicar, la posición del Gobierno fue respetar la Consulta y así lo hicieron sus representantes en sus votos.

La salida a esta crisis de gobierno interno de la Universidad Nacional, no sé en qué vaya a concluir. Hay mucho descontento con lo acaecido. Pero se necesita la democracia universitaria, para garantizar todo lo que implica realizar la tarea misional de la Institución.

(Texto relacionado: Garantismo)

Ese descontento reactivo frente a la elección de Rector en la U. Nacional, está reflejando que hay serias fallas en las reglas de juego interno, se oyen muchas voces indignadas por las decisiones tomadas. Se escuchan versiones de componendas o coyundas para crear una entente de poder. De juegos matemáticos para urdir la elección. Todo esto deteriora el ambiente interno de una Institución tan clave como la U. Nacional.

Siguiendo el análisis que hace Max Weber de los tipos de organización, quien distingue entre organizaciones jerarquizadas (que considera verticales) y no jerarquizadas u horizontales, la Universidad sería una organización de tipo horizontal y por tanto tiene más sentido la composición democrática interna.

Estamos en época de “aggiornamento” de las normas universitarias para resolver desde el marco legal, especialmente en las universidades públicas, temas como el problema presupuestal y el rezago en esta materia, y aunque las universidades son constitucionalmente autónomas para darse sus formas de gobierno y estatutos, la ley si puede señalar unos principios organizativos relativos a garantizar la democracia interna para la toma de decisiones y elección de directivas.

La Universidad no es simplemente la “fábrica de profesionales” que algunos ven. Es desde luego formación, pero no sólo eso. La Universidad moderna lo que hizo fue definir su papel como eminente espacio de producción de conocimiento (ciencia) y de pensamiento (reflexión crítica) y con ello, en nuestro caso a construir Nación. Por ello el asunto de su Gobernanza no es un tema menor aun cuando la práctica usual haya sido desatender la expresión del profesorado, del estudiantado y ahora de los egresados. Ahora parece que los estamentos cansados de tanta imposición están dispuestos a dar la batalla.

¿Qué podrá pasar? Puede ocurrir que todo se aplaque y las protestas vayan perdiendo su fuerza, pero parece indicar que esta vez no va a ser así. Entonces, podemos imaginarnos unos escenarios, cada uno con sus respectivas consecuencias. Uno, que no pasa nada y el malestar continua y el Rector electo se posesiona contra viento y marea. Dos, entiende que no hay condiciones para ejercer el cargo y renuncia y el proceso vuelve a su curso. Tres, el nuevo Rector propone una fase de transición mientras se inicia, de nuevo, el proceso de elector del Rector o Rectora, y ejerce el cargo por un tiempo determinado y escoge colaboradores de distintas tendencias del entorno. Y posiblemente, podrían darse otros escenarios, pero lo importante es que Autonomía y Democracia vayan juntas.

(Le puede interesar: Idola Tribus)

*Víctor Reyes Morris, sociólogo, doctor en sociología jurídica, exconcejal de Bogotá, exrepresentante a la Cámara, profesor pensionado Universidad Nacional de Colombia.

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